Página principal

Con motivo del programa de ASPAYM Córdoba "A Fondo", dirigido a prevenir los accidentes traumáticos, comenzamos con la publicación de una serie de entrevistas a nuestros socios y sus allegados, en las que seremos testigos de historias increibles, llenas de momentos complejos, modelos de superación, apoyos insospechados, ... en definitiva, vidas "A fondo".

 * Los nombres de los protagonistas han sido omitidos para preservar su privacidad, pero todos ellos han querido que sus historias se sepan para ayudar a concienciar acerca de la realidad de las personas con lesión medular y gran discapacidad física.

Vidas "A Fondo"

Marzo

Llevaba una vida normal, con mujer y dos hijos de 2 y 4 años. Vivía en un piso en Córdoba y trabajaba de vigilante de seguridad de un furgón blindado en Córdoba. En 1996, durante un atraco a un banco, recibió tres disparos. Además de la perforación en algunos órganos internos, esto le causó una lesión medular: «Supe que algo pasaba porque no me sentía las piernas».

« Supe que algo pasaba porque no me sentía las piernas ».

Después de tres meses en la UCI, en los que surgieron muchas complicaciones (infección por la perforación en el abdomen y varias paradas respiratorias), le trasladaron al Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, donde permaneció un año. Allí, la mayoría de los pacientes son parapléjicos y van en silla de ruedas, como él. Es entonces cuando se encuentra con su discapacidad cara a cara. Se refiere a su estancia allí como «una buena experiencia».

Acompañado de su mujer, aprende a usar la silla y a realizar tareas básicas de la vida diaria; sin embargo, «no lo aceptaba, no quería quedarme en una silla de ruedas para siempre, y aún no lo acepto», confiesa. Los niños se quedaron con sus abuelos en Córdoba, recibía visitas familiares y de amigos. Agradece todo el apoyo familiar que tuvo, y también de sus amigos, quienes se turnaron para hacer algunas noches cuando estaba en la UCI y que su mujer pudiera descansar.

Cuando vuelve a Córdoba, adapta el piso para facilitar los accesos y la funcionalidad. Dos años después, se trasladan a una casa que también adaptan con la ayuda de una subvención.

Acude a rehabilitación al Hospital Reina Sofía y posteriormente al Hospital San Juan de Dios, sin embargo, su ánimo no mejora, continúa sintiéndose «triste, sin ganas de nada», afectándole a su día a día y a la relación con su familia: «no quería salir ni saber de los niños». Su mujer ha estado siempre tratando de empujarle a hacer cosas y ha ido mejorando muy poco a poco: «iba arrancándolo a la fuerza, poco a poco».

« No quería salir ni saber de los niños ».

Cuatro años después del tiroteo, M sufrió una bajada del ánimo más pronunciada y decidió ingresar en el Centro de Recuperación San Fernando, en Cádiz. Allí estuvo un año, de lunes a viernes, volviendo a casa los fines de semana. Estando allí le surgió la idea de trasladarse definitivamente a vivir porque existían más recursos que en Córdoba, sin embargo, al final no lo hizo por sus hijos, quienes ya tenían su entorno familiar y social estabilizado. Aún toma Orfidal para dormir y una vez al año acude al Hospital de Toledo a revisión para prevenir infecciones y problemas de riñón.

Su mujer siempre se ha mantenido firme y fuerte, siendo la que le ha empujado y casi obligado a salir de casa y hacer cosas. Sus hijos también han jugado un papel fundamental. Su hija, al contar con sólo dos años cuando ocurrió el accidente, siempre le ha conocido así y no ha tenido que aceptar el cambio, incluso quería realizar todas las tareas de cuidado, hasta llevar la silla. Su mujer recuerda que, con tres años, la niña le decía: «tienes que ir al médico y que te cure». Sin embargo, su hijo, que tenía cuatro años, sí lo vivió con más complejidad y tardó en normalizar la situación; hasta que no pasó la adolescencia no lo aceptó del todo. Con siete años acudieron a un psicólogo que les proporcionara pautas para trabajar con él, porque estaba muy nervioso, «y antes era un niño muy tranquilo», recuerdan.

« Cuando yo sea mayor no voy a poder hacerlo todo, tenemos que pensar en eso », comenta su mujer.

No ha vuelto a trabajar, a pesar de haber tenido algunas opciones, sin embargo, no tenía motivación y no lo intentó. Su mujer tampoco continuó trabajando, cuidar de M le ocupaba casi todo el día, además de los niños, que eran muy pequeños. Cuentan con la pensión de invalidez, una pequeña ayuda por la Ley de la Dependencia y parte de la indemnización que aún conservan para su futuro. «Cuando yo sea mayor no voy a poder hacerlo todo, tenemos que pensar en eso», comenta su mujer.

Ahora disfrutan de salidas de ocio frecuentes con familia y amigos, les gusta dar paseos, tomar una cerveza en una terraza, hacer peroles camperos y, sobre todo, pasar el verano en la playa. Lo que más valoran es mantener la pareja unida, la lenta pero progresiva superación, y que los niños puedan disfrutar de su familia.

Lo más duro ha sido aceptar su situación actual, los primeros años no podía asimilarlo y se sumió en una tristeza continua, y posteriormente tardó muchos años en cambiar su actitud, aunque reconoce que sigue sin aceptarlo del todo. No tiene un plan de futuro establecido, les basta con vivir el día a día, disfrutando de familia y amigos.

Conoció ASPAYM cuando estuvo en el Hospital de Parapléjicos de Toledo, y se asoció a ASPAYM Córdoba al poco de formarse. No es muy activo en la asociación, pero le gusta reunirse con los socios en algunas de las salidas que se proponen anualmente. Le parece que deberían realizarse más reuniones y que los socios se vean más a menudo. Tanto él como su mujer están dispuestos a participar y ayudar en lo que haga falta.

Entrevista realizada por Esther Carrasco